Bendita sumisión. Tú ordenas, yo creo

Nunca ha sido fácil y esta vez no iba a ser diferente. Pasan días y una infinidad de lecturas hasta que hallamos el tema sobre el que versará el nuevo post. Es realmente curioso el carácter de la inspiración ¿verdad? Muestra síntomas de adolescente respondón, irritante e impredecible. Se presenta cuando le viene en gana ¿en serio, ahora? Y corres a plasmar sobre la superficie que tengas más mano la idea que con tanto atino acaba de sobrecogerte. Sobre esa base y con una portentosa rapidez tu cerebro arma la estructura mental de la que será tu creación. Asientes para ti mismo, embobado, satisfecho: “Así lo haré”. El papelito, la palma de la mano o la hoja de chopo que te ha servido de lienzo es una herramienta de poder y es tuya ¡toma ya!

¡Pues maldita sea! En ese momento de regocijo no nos acordamos de los tirones de pelo que nos dimos un par de días antes buscando esa misma idea. Hace dos días te engalanaste a propósito, asumiste el rol de pretendiente en busca de la bella (idea), indagaste en páginas, blogs, artículos, en resúmenes, en comentarios, no no Wikipedia no tiene nada que ofrecerme, o quizá sí, entras, sales. Malhumorado haces una visita a la nevera, respiras, te sientas, vuelta al buceo. Rasgaste tiempo al miércoles y visibilidad a tus retinas. Sin fortuna. Qué crueldad.

Derechos de fotografía: Fotolia

Derechos de fotografía: Fotolia

¿Por qué la inspiración no toma en cuenta el esfuerzo de la búsqueda? En cambio hoy, que te pilla en el cine, cubo de palomitas en mano, proyectándose el comercial de “apaguen sus teléfonos móviles” y tu acompañante obsequiándote con caricias MUY bienintencionadas…¡ahora, mala pécora, decides hacer tu aparición! Y encima con ese torrente de contenido novedoso. Es su forma de mostrarte quién está al mando. Y claro, lo dejas todo. Se trata de ella, la inspiración ¿qué puedes hacer? Retiras el cubo de palomitas, las prodigiosas manos de tu acompañante y la atención de la gran pantalla. A escribir se ha dicho.

La imagen del discípulo resignándose es el súmmum del placer para la inspiración. Obedeces y a cambio tienes entre manos una maravillosa idea. Lo cierto es que, pese a sabernos esclavos, no tenemos muy claro quién sale ganando al final… un claro síntoma de adicción, ¿no os parece? 🙂

Anuncios