La paja en el ojo de Facebook

Facebook es el mismísimo demonio. Es Rigan Theresa invocando a Belcebú en un lecho lleno de pringue verde, la cabeza en modo aspersor y soltando improperios tales como “Deja que Jesús…”. Recuerdo El Exorcista con auténtico pavor.

Facebook, qué malo malísimo. Es el centro de los estudios más punteros sobre la conducta humana y, leñe, nunca salimos bien parados. Por lo visto la red social se pasa de social. Sí, porque ver las fotos de nuestros amigos en la playa, las de tu ex con su última conquista o leer que a tu antiguo compañero de promoción le han ascendido, nos convierte en personas envidiosas. Si te encuentras en torno a la treintena, mira a ver, porque eres aún más susceptible de rabiar de envidia por los éxitos ajenos. Ojito porque hay quien ha renunciado a entrar en la red social para evitar las emociones negativas. Oye oye, que lo dice un informe elaborado por la universidad de Humboldt de Berlín y ha sido aireado por la agencia Reuters.

Aunque quizá tu caso sea otro, quizá eres de los que, estando con un amigo en una terraza tomando algo al amparo del sol primaveral (esto no ha sido este año), interrumpes la conversación para atender un mensajito que te han mandado al Facebook. Y contestas con monosílabos del tipo “si, ya, hum…” a lo que te dice tu amiguete, porque en realidad la estás ignorando soberanamente. Tu cabeza está puesta en las fotos de fulanita que, haciendo honor a su nombre, ha subido unas imágenes que tienen revolucionado a toda tu red amigos y, por dios, qué mal te cae fulanita. Ah querid@, sufres la temible y no tratable adicción a Facebook.

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Atención a todas las personas nerviosas y volubles, si aún no estáis en Facebook, alejaos, corred, aún tenéis una oportunidad. Id, para muchos ya es demasiado tarde. Sí bueno, es que según otro estudio ser nervioso y manipulable es el perfil estrella de los adictos a Facebook, esos yonkis. Nótese, dice el estudio, nótese el componente de neuroticismo porque quizá eso explique la predisposición de muchos a airear sus problemas sentimentales, aunque no interesen a nadie.

Qué poca vergüenza la del componenete éste, no contento con tener ese maldito nombre ahora se alía con Facebook para seguir arrasando nuestros débiles cerebros.

El verdadero fenómeno es que nadie diga a estos investigadores que dotar a una herramienta, a una cosa inanimada como es Facebook de facultades humanas, además de ser un recurso literario, es una locura. Facebook no tiene la capacidad de pervertirnos, no nos mete en el cerebro el odio hacia fulanita y tampoco te obliga a pensar que, aunque tu vecino tiene moto nueva, sigue siendo el mismo imbécil. NO puede hacerlo.

Antes de Facebook existía la envidia, la rabia, la soledad, la falta de atención y hasta  el componente de neuroticismo, sólo que los aplicábamos en otros contextos.

Muchas pajas en el ojo de Facebook…

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