Necesitamos difundir la cultura del error

Necesitamos saber en qué te equivocaste y cómo lo solucionaste. Queremos saber por qué cerraste tu empresa, por dónde vinieron los palos y cuál fue el momento exacto en que tus ganas y los nuevos conocimientos se aunaron en el proyecto que hoy te da de comer. Lo lograste, cuéntanos cómo. Pero antes de todo esto, antes de hacer uso del derecho a conocer tu historia, nosotros, y esto debe ser una promesa, habremos sido capaces de eliminar el componente “fracaso” del concepto que tenemos de “error”.

Vamos. Equivocarse no es una lacra. Un empresario, por lo general,  tropieza dos veces antes de dar con la fórmula del éxito. No hay tercera mala….dicen. Pero nos cuesta asimilar este dato. Pusimos el grito en el cielo cuando saltaron a la palestra cifras como que al 72% de los jóvenes le gustaría ser funcionarios, frente a un 4% que luchará por emprender. Estar bajo el mando de es más sencillo que logar tomar el mando, porque las posibilidades de error no llevan implícitas el estigma social. Pero lo que parece que no vemos es que dejar de estigmatizar a los que lo intentan y se tropiezan es lo más fácil de mundo. Golpear a los que pueden enseñar a los demás…es una práctica del medievo ¿no?Red Pen

JAMÁS LO VOLVERÍA A HACER

Decidimos escribir este post tras una charla impartida por cuatro jóvenes emprendedores en ZincShower, evento de tres días dedicado a promocionar la industria cultural y que tuvo lugar la semana pasada en Madrid. Se trató de una conferencia en la que únicamente se abordaron ERRORES de los nóveles conferenciantes, que podrían extrapolarse a muchos valientes que deciden hacer realidad eso de tener una empresa. Cosas que NO volverían hacer:

  • Externalizar el trabajo de informáticos, diseñadores, desarrolladores, social media managers, expertos en marketing  o periodistas
  • Si entre los socios o trabajadores no existe un experto en labores administrativas, mejor subcontratarlo. Ahorro en tiempo y comisión de errores
  • Integrar “amiguetes” en el negocio. Emprender en solitario provoca un temor indescriptible, de ahí que intentemos subsanarlo yendo de la mano de un amigo hasta que te das cuenta que la amistad, al negocio, sólo aporta trabas
  • Intentar esconder los errores de cara al cliente. Nadie espera la perfección de tu empresa, porque no existe, pero la mentira y la ocultación se castigan de forma severa. Si te equivocas primero reconócelo, después hazlo público
  • Tener miedo a lanzar proyectos en fase beta. Tu negocio debe ir aumentando, las mejoras deben salir a la luz porque es el propio cliente el que te va a indicar qué mejorar, modificar, eliminar…
  •  Y dejamos para el final el que a nuestro juicio fue el mejor (peor) de los errores  y que, sin embargo, está terriblemente extendido.  NUNCA guardes tus ideas sólo para ti. “Ya pero es que tengo miedo a que me las roben”. Sí, pero de qué sirve una idea genial dentro de tu cabeza. De nada. Porque sólo será excepcional cuando otros la califiquen como tal. Busca la colaboración adecuada.

Éste podría ser el resumen de lo expuesto en la charla. Los cuatro jóvenes abogaron por difundir la cultura del error, la de hacer públicos tus tropiezos y la forma en que conseguiste subsanarlos o, si no has conseguido subsanarlos, qué camino has escogido para conseguirlo. Alanai no podía si no hacerse eco de tan brillante propuesta 🙂

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